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Respuesta.
Sunday | 10:15 PM | 0 comments
Es dificil dejarme sin palabras, soy una persona que siempre tiene algo que decir. Pero tú lo haces, lo he leído y sé que esa conexión está. Sé que no se irá por mucho que pase el tiempo. Las marcas que se hacen a fuego quedan grabadas por siempre en la memoria del alma. Y ahi dice tu nombre. Eres puro fuego. Esa es mi parte preferida de ti, pensar en que hacer, y como hacerlo mejor, solo te hace daño… cuando eres tú misma, tus demonios no te torturan, se sienten satisfechos. Eres devastadora cuando te dejas llevar. Cuando dejas a una lado la moral y la presión que requiere esconder al monstruo. No quiero buscarle explicación a esto, simplemente sé que tú y yo tenemos algo, algo que es más importante que el amor, y mucho más útil que la amistad. Algo que nos reinventa cada un tiempo y que nos hace bien. Quiero ver a ese demonio que tienes en mente y que te desahogues. Hacer. Es el verbo perfecto.
Labels: El Tigre., Maribel, textos para mi Violeta.
| 10:12 PM | 0 comments
Pienso que si volara demasiado cerca de Violeta me quemaría, ¿pero no tenía Icaro la misma curiosidad y ansia? Sé que la cera comenzaría a derretirse y me sellaría los labios y los párpados. Destaparía un pozo tan profundo que me quedaría ciego y muda.
Pienso que esconde un tesoro, como todos los dragones. Y las perlas están hechas de saliva y arena: son la guerra y el tiempo librándose dentro de ese caparazón hermético.
Creo que estamos hechas de la misma sustancia. Por eso no quiero conocerla mejor; no me gustan los seres parecidos a mí. Me asustan, y me fascinan.
No, no creo que seamos parecidas. Los colmillos de su loba son más filosos, y protegen con recelo a un cordero más blanco.
Pienso que es un sol estallando en sí mismo infinitas veces; una serpiente que muda de piel sin cansancio, pero que siempre tiene la misma guarda. Dejaría que me mordiera por curiosidad, pero ya tengo demasiados venenos en mi sangre. Quizás es mejor mantener el respeto a distancia, como hacen los encantadores. Y aún si aprendiera a tocar la flauta para sacarla de la canasta, no puedo dejarme fascinar por más escamas de colores. Sé que para encontrar perlas hay que nadar a lo profundo, pero ya me ahogué demasiadas veces. Prefiero jugar con las luces de la superficie; observar desde arriba los pliegues flabeliformes de su coraza e imaginar la redondez y el brillo blanco de su alma. Ya tantas veces quise acariciar esas perlas, y terminé perdiendo mis dedos. Y llevo este collar rojizo con orgullo, pero pesa. Uno no siempre puede ser amigo de otras bestias.
Sólo puedo decir de Violeta que no sé nada de ella, pero que es un enorme y maravilloso misterio. Y que, sinceramente, la respeto y la quiero. De loba a loba, de cordero a cordero, que la quiero.
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