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Lucky ones
Saturday | 5:37 PM | 0 comments
she
No recuerdo cuánto bebí o cuantas pastillas me metí con cada trago, no sentía las manos pero sabía que estaban heladas como siempre. No tenía idea de qué iba a hacer sin trabajo, no después de haber comprado el maldito departamento que tanto quería y que estaba vacío porque ni muebles pude comprarle. Ni siquiera me dieron tiempo de vaciar mi cubículo, olvidé las fotos de mi gato, mi agenda, mis bragas de repuesto, mi botella de absenta, mi libro… mis flores. Mis ánimos.
Apenas da un paso dentro del bar y las pastillas logran su mayor efecto,
se vuelve indolente a cualquier emoción y aun así se encuentra dentro del
frenesí y la euforia. Todo se vuelve lento y colorido, la densa nube de humo
que envuelve la atmosfera toma formas desconocidas y a su vez entrañables, la
música y la voz desafinada de una mujer gorda que canta a un amor que
posiblemente jamás tendrá le abre surcos en las venas. Está en la tierra de los
dioses y los monstruos; y ella es un ángel… se deja caer a pedazos en la multitud
que la reconstruye a su imagen y semejanza, como un dios inmisericorde que la
expulsara después de sus entrañas por querer ser demasiado parecida a él;
atraviesa el lugar sintiendo las garras, los labios y los susurros húmedos
cerca del rostro, siente magnificado cada uno de los cuerpos pegados al suyo y sonríe
entrecerrando los ojos, echando la cabeza hacia atrás dejándose llevar hasta el
centro en donde una barra llena de demonios saciaba su sed pasada y venidera, estoy en casa, el bar tender le sonríe y
le extiende un vaso que aprisiona la sangre del hada verde.
Abrí los ojos aterrada porque tenía la cabeza metida en el retrete del bar, estaba limpio por suerte pero aun así el asco me hizo dar otra arcada Me quité los zapatos y las medias y los tiré, recuerdo haber desabotonado mi blusa y me quedé practicamente con sólo el sostén de encaje. El agua me escurría del cabello y las mujeres me tocaban los senos, no me molestó en lo absoluto, sonreí de placer y besé a una cualquiera quien me extendió una blusa seca que nunca supe de quién era ni de donde la había sacado a decir verdad, cualquier cosa que sucediera es noche me importaba una mierda. Me quité la mojada y me puse el regalo, era una blusa de encaje y tirantes, preciosa. Estaba casi en todos mis sentidos cuando una mujer muy alta de piel aperlada y labios pulposos se me acercó y me llevó hasta el baño en donde me besó como solamente una mujer puede besar a otra, húmeda, suave, deliciosamente. Una cálida sensación me desgarró el vientre y comencé a humedecerme, le envolví las caderas con las piernas, y comencé a gemir contra su boca, pero ella me detuvo de pronto y me tomó de la mandíbula en un gesto de absurda superioridad. Lo arruinó todo. Imbécil. Me zafé de su agarre y la escupí molesta, salí del baño y no la volví a ver en toda la noche. Esperé mi turno en el karaoke, el bar tender me ofreció el ultimo vaso de absenta de la botella y lo bebí de un solo trago, después de un rato subí al improvisado escenario y la gente comenzó a aplaudirme, seguramente había hecho alguna escenita frente a todos para tener tal popularidad aquella noche. No lamento nada. Apareció la lista de canciones y me topé con una que hacía mucho no escuchaba, me invadió una nostalgia muy triste.
Toma el pequeño micrófono y lo coloca en su lugar, la música comienza marcando el ritmo para sus caderas apretadas en la falda de lycra humeda y negra que
lleva puesta, mantiene los ojos cerrados todo el tiempo, hundida en sus pensamientos y en su voz
rasposa, como de niña perdida en una cueva muy profunda y oscura. Quienes
estaban frente al escenario son hechizados por los movimientos de su
cuerpo, sus brazos bailan en el aire. Su mano derecha
acaricia su mejilla izquierda con la ternura de un amante satisfecho.
Su voz llena el lugar silenciando todo, dioses, monstruos, bestias y
condenados, entre éstos últimos uno de nombre Roy quien camina hacia ella completamente sumergido en
su interior, aquel hombre alto de cabellos largos y ojos tristes avanza como
marinero a punto de perecer en los brazos lánguidos y lascivos de una sirena de
cabello negro. Sin saberlo la mira como nadie nunca la ha visto, desde su
interior, con los sentidos y los poros abiertos. Cómo el buen escultor antes de
comenzar a modelar el mármol, estudio la circunferencia de sus caderas y
muslos, la altura justa para llegar a su pecho y el cabello mojado apelmazándose
sobre sus brazos y rozando apenas con las puntas las nalgas firmes.
Alexandria abrie los ojos en la frase exacta: one step towards you, two
steps back, feels like I’m crawling… las pupilas dilatadas se clavan en los
ojos del hombre altísimo que tiene frente a ella. Le sonríe sin dejar de cantar
mientras uno de sus delicados brazos dibuja el ascenso y descenso de la
canción. Cierra los ojos de nuevo y termina la canción temblando y sintiendo el
peso de los efectos ya muy lejos. No estaba consiente, pero tampoco estaba más
arriba de la nube de humo. Roy le tiende la mano para ayudarle a bajar del
escenario y un tropezón tal vez intencional la hace caer en sus brazos, Roy
puede entonces medirla, pesarla, sentirla tibia, temblorosa y dispuesta.
Wednesday | 5:38 PM | 0 comments
Hay algo oscuro en mi cabeza, en mi cerebro, en mis neuronas. Algo oscuro y equivoco, erróneo, mal hecho, mal conjugado, mal situado, mal. Algo enorme y con púas que me revienta los globos oculares en la noche, en el silencio de las cosas que no se ven ni a la luz propia del alma humana.
A veces se queda callado, resopla adormecido bajo la gruesa capa de pus y lodo y miseria humana que me atormenta desde que caí en cuenta que ese algo oscuro habita dentro de mi cabeza; en la mala co-relación que tienen las neuronas que dejan de funcionar aún más a medida que el tiempo pasa, que las horas, los días, los segundos, los años, los meses, sin orden, sin nada que los mantenga en armonía aunque de lejos se vean y deseen estar bien. Que lo estén. En silencio, dentro de mí. De mi gigantesca cabeza llena de cabellos que arranco de desesperación porque a pesar de tenerlo todo, no tengo nada. Absolutamente nada.
Necesito estar bien, dormir, comer, cagar, sonreír, hablar, existir, caminar bien, pero bien en serio, desde dentro. Que la química de mi cerebro obtenga su equilibrio, que las voces se callen de una maldita vez, que las caras que alcanzo a ver por el rabillo del ojo sonrían al menos si no quieren irse, que la oscuridad no de delinee en extrañas formas que me hielan la sangre, que al despertar el primer pensamiento que cruce mi mente no sea el suicidio.
Odio a la gente que juzga, a la que cree que esto es algo que uno mismo se busca, a los que nos llaman patéticos, perdedores… idiotas. Imbéciles. Pero con todo, no les deseo un solo día en mis mismas condiciones, ni espero que comprendan, ni mucho menos. Solo quiero que se callen la maldita boca, que no digan nada de mi vida, que no se metan en donde no se les llama, que esto no es su puto problema, es mío. MÍO.
Pero no se callan, siguen hablando, vociferando que todo esto se pasa con salir con alguien y coger, o tener amigos. No sirven de nada, pelmazos, los amigos en estas circunstancias ayudan más estando lejos, en silencio, pero estando. ¿Coger? Para quedar más vacío de lo que estamos.
Nadie conoce mi infierno porque vive dentro de mí y no conmigo. Y el caso no es que nadie me quiera, es que nadie me puede ayudar, más que yo misma. Yo y sólo yo puedo sacarme del fondo donde me encuentro o habituarme a el… estar en paz dentro de mi oscuridad y aprender que todo lo que hay en ella es mío, proviene de mí, de mi cabeza, de la mala sintaxis en la química de las sustancias.
Despierto sin ganas de morirme, las voces son más suaves, los gestos menos agrios o repugnantes. Entiendo que afuera nunca voy a estar, que tengo que vivir en la frontera de lo real y lo que habita en mis adentros. Doy vida a mis demonios, los hago morirse y revivir a mi libre albedrío, los gobierno a medias, cuando ellos me dejan, cuando se van a dormir y me dan tregua, cuando los callo con buenos momentos a solas, porque solamente a solas puedo estar tranquila.
Mi oscuridad está brillando. Y hoy, puedo tan siquiera ambicionar con más días en mi vida. Días luminosos, oscuros, intrascendentes, silenciosos, llenos de caos, de armonía, de contraste y es que caigo en cuenta que no estoy haciendo otra cosa más que vivir, pero en serio vivir. Con todas sus letras.
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